Ignacio Escribano

  • 09 de Octubre  21hs

El artista, nacido en Pergamino, multifacético y ciudadano del mundo, regresa a sus raíces con un disco de sonido austero pero elegante, enérgico y sentido, de matices logrados con maestría y un sabor particularmente "bien criollito".
Con gran madurez interpretativa, el autor recorre doce temas clásicos de la música que aprendió en su infancia -el folklore argentino-, a los que sumó otra verdadera joya al repertorio: el aire de zamba, Soledad, del uruguayo Jorge Drexler.
Después de haber editado Por el sendero (2005) -que incluye 12 obras clásicas del folklore argentino-, y tres discos de mantras pop: Niranjana (2008), Living Sessions (2011) y Everything is love (2013) -con su proyecto Indra Mantras-, es notorio el crecimiento como músico, productor y arreglador del artista en su quinto trabajo discográfico.
Lo mismo puede decirse de su buen gusto y calidad interpretativa. Su voz -al servicio de las letras, y no de sí misma-, recorre los paisajes de cada uno de los temas con exquisito fraseo, gracia y frescura en la expresividad.

Los músicos que participan en la grabación -Osvaldo Avena, en bombo, Ariel Argañaraz, en guitarras, Nacho Abad, en piano y Javier Acevedo, en acordeón-, sumados a los artistas invitados, como el ex Chalchalero Facundo Saravia, Mónica Abraham y Eduardo "Negrín" Andrade, en voces, Patricio Villarejo, en chelo, Aldy Balestra, en guitarras, Irene Cadario, en violín y Diego Clemente, en aerófonos, terminan por darle un toque exquisito a la obra.
De tierra y viento es un dignísimo homenaje a la música folklórica argentina. Un disco para ser escuchado y disfrutado de punta a punta.


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